Un estudio liderado por Rafael Gallareto-Sande, investigador en formación del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), aporta nuevos datos sobre una red de diminutos vasos sanguíneos del cráneo que desempeñan un papel clave en la protección del cerebro. El trabajo, publicado en la revista The Anatomical Record, describe por primera vez cuántos son y qué tamaño tienen estos canales microscópicos, conocidos como microforámenes, que conectan el hueso craneal con el espacio cerebral.
Para llevar a cabo la investigación, el equipo ha utilizado técnicas de tomografía computarizada en una muestra de cráneos humanos adultos. Los resultados muestran una gran variabilidad entre individuos: cada cráneo puede albergar entre un centenar y hasta 400 de estos pequeños canales, distribuidos por la superficie interna de la bóveda craneal.
La mayoría de estos conductos son extremadamente finos, con diámetros inferiores a 0,5 milímetros. Sin embargo, los canales de mayor tamaño, aunque menos numerosos, aportan una cantidad similar de flujo sanguíneo. Estos se concentran principalmente en zonas concretas del cráneo, como la región posterior y central del hueso parietal, en relación con importantes estructuras venosas.
La distribución observada sugiere una estrecha conexión con el sistema vascular de las meninges, las membranas que envuelven y protegen el cerebro. Además, sugiere que el número de estos canales, especialmente los de tamaño intermedio, aumenta cuando se expande la díploe, el tejido esponjoso del interior del hueso, sobre todo en la parte posterior del cráneo.
Defensa del cerebro
Durante mucho tiempo se pensó que la función principal de estos microcanales estaba relacionada con la regulación térmica del cerebro. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que también actúan como vías de entrada para la respuesta inmunitaria. En concreto, la médula presente en la díploe puede liberar a través de estos canales moléculas implicadas en procesos neuroinflamatorios, contribuyendo así a la defensa del cerebro frente a infecciones o lesiones.
“Estos microvasos forman parte del llamado sistema glinfático, una red encargada de transportar nutrientes y eliminar desechos del cerebro. Su correcto funcionamiento es fundamental y está relacionado con enfermedades como el ictus o el Alzheimer. Por ello, este estudio abre nuevas vías de investigación con implicaciones tanto en antropología como en medicina”, concluye Rafael Gallareto-Sande.
Esta investigación, coordinada por Emiliano Bruner del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y en colaboración con Laura Mena-Bock de la Universidad de Burgos, ha sido financiada por el Proyecto Atapuerca y por la Fundación Atapuerca/Reale Foundation.