Un nuevo estudio revisa el papel del ácido palmítico y el ácido oleico —los principales ácidos grasos de la dieta— en el desarrollo de la diabetes
mellitus de tipo 2, una enfermedad crónica que causa una elevada morbilidad y mortalidad en todo el mundo. El trabajo, publicado en la revista
Trends in Endocrinology & Metabolism (Cell Press), está liderado por equipos del Área de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas del CIBER (CIBERDEM) en la Universidad de Barcelona.
«El ácido palmítico, un ácido graso saturado ampliamente presente en los alimentos, se asocia con alteraciones en la sensibilidad a la insulina, mientras que el ácido oleico, muy abundante en el aceite de oliva, podría ejercer un efecto protector frente a estas alteraciones metabólicas» explica el catedrático Manuel Vázquez Carrera, de la Facultad de Farmacia y Ciencias de la Alimentación de la UB, el Instituto de Biomedicina de la UB (IBUB) y el Instituto de Investigación Sant Joan de Déu (IRSJD) y el área de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas del CIBER (CIBERDEM).
También colaboran en el trabajo los expertos Ricardo Rodríguez-Calvo, investigador del CIBERDEM en el Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV); Marta Tajes, investigadora del CIBER de Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV) en el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), y Walter Wahli, de la Universidad de Lausana (Suiza).
«Esta revisión destaca el papel relevante de la calidad de la grasa dietética, frente a la cantidad total consumida», detalla el catedrático Manuel Vázquez-Carrera, que es jefe de grupo del CIBERDEM en la Universidad de Barcelona.
Tal como explica Xavier Palomer (UB-IBUB-CIBER-IRSJD), primer firmante del artículo, «a escala molecular, el ácido palmítico favorece la acumulación de lípidos bioactivos potencialmente tóxicos, promueve estados de inflamación crónica de bajo grado y contribuye a la disfunción de orgánulos celulares, como el retículo endoplasmático o la mitocondria». Estos procesos, añaden los investigadores, «están estrechamente relacionados con el deterioro de la acción de la insulina y con la progresión de la enfermedad metabólica».
Un perfil protector asociado al ácido oleico
El ácido oleico, por el contrario, muestra un perfil metabólico más favorable. Según el artículo, este ácido graso muy abundante en el aceite de oliva favorece el almacenamiento de los lípidos en formas metabólicamente más inertes
—con poco impacto en los procesos fisiológicos— y contribuye a preservar la señalización correcta de la insulina en tejidos clave como el hígado, el músculo o el tejido adiposo.
Además, el ácido oleico podría contrarrestar muchos de los efectos adversos inducidos por el ácido palmítico, lo que explicaría por qué patrones dietéticos ricos en grasas monoinsaturadas, como la dieta mediterránea, se asocian de manera consistente con un menor riesgo de desarrollar diabetes de tipo 2 y otras enfermedades metabólicas.
Hacia estrategias nutricionales más precisas
El artículo pone de relieve la necesidad de avanzar hacia estudios más específicos que permitan aclarar las discrepancias observadas en estudios epidemiológicos. «Es importante considerar variables como el origen de los ácidos grasos, su contexto dietético, la interacción con otros nutrientes y los distintos métodos de procesamiento de los alimentos», manifiesta Vázquez-Carrera.
El equipo sostiene que una mejor comprensión de estos factores permitirá definir con mayor precisión el impacto real de los distintos tipos de grasa sobre la salud metabólica y contribuirá al diseño de estrategias nutricionales más eficaces para la prevención y el manejo de la diabetes mellitus de tipo 2.