¿Dónde están los grandes animales marinos del Mediterráneo, como el rorcual común, el cachalote o el delfín mular? ¿Cómo cambia su distribución en cuestión de semanas? Todo indica que estas especies cambian de áreas marinas de forma notable en periodos muy cortos y en zonas marinas reducidas. Algunas especies, como el delfín listado, mantienen una presencia relativamente estable en determinadas zonas, mientras que otras, como el rorcual común, se desplazan y concentran en áreas diferentes entre una campaña de observación y la siguiente.
Estas son algunas de las conclusiones principales del proyecto Synoptic Ferry Observation Network (SYNFONY), una iniciativa de monitorización de la megafauna marina en el Mediterráneo llevada a cabo con el apoyo de líneas de ferri y navieras. En el marco del proyecto, coordinan la ruta Barcelona-Tánger-Barcelona los profesores Odei Garcia-Garin y Manel Gazo, de la Facultad de Biología y el Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona. En el proyecto también han participado más de veinte personas voluntarias, sobre todo estudiantes de los grados en Biología, Ciencias del Mar y Ciencias Ambientales de la UB.
Un total de 707 observaciones de megafauna marina
Entre junio y julio, tres campañas científicas registraron 707 observaciones de megafauna marina, principalmente de las ocho especies de cetáceos habitualmente presentes en el Mediterráneo: el rorcual común (Balaenoptera physalus), el cachalote (Physeter macrocephalus), el zifio de Cuvier (Ziphius cavirostris), el delfín común (Delphinus delphis), el delfín mular (Tursiops truncatus), el delfín listado (Stenella coeruleoalba), el calderón gris (Grampus griseus) y el calderón común (Globicephala melas). También se registraron dos especies de tortugas marinas: la tortuga boba (Caretta caretta) y la tortuga verde (Chelonia mydas).
Las observaciones se llevaron a cabo a lo largo de diecinueve rutas navieras fijas en el Mediterráneo occidental y el Adriático, que han permitido obtener una fotografía amplia y simultánea de la distribución de la megafauna marina, especialmente de los cetáceos y las tortugas marinas. Así, los ferris comerciales se convierten en auténticas plataformas de observación de la biodiversidad marina: aprovechan las rutas que recorren habitualmente para obtener datos sobre la presencia y distribución de las especies.
Una distribución que cambia en pocas semanas
Uno de los ejemplos más claros es el del delfín listado: «Durante la primera campaña se observó con mayor frecuencia y en un área de distribución más extensa. En la tercera campaña, en cambio, las observaciones se concentraron mucho más espacialmente, sobre todo en una de las rutas situadas en el corredor español», detallan los expertos Odei Garcia-Garin y Manel Gazo, del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la UB.
El rorcual común presentó un número de avistamientos relativamente estable durante las tres campañas. Sin embargo, su distribución a lo largo de las distintas rutas experimentó cambios considerables.
«Las tortugas marinas también mostraron una importante variabilidad. La tortuga boba fue el taxón observado con mayor frecuencia en el conjunto del seguimiento. Sin embargo, el número de observaciones disminuyó de la primera campaña a las posteriores, al tiempo que se detectaron cambios en su distribución dentro de la red de rutas monitorizadas», apuntan los expertos.
SYNFONY se desarrolla en el marco de la red de seguimiento Fixed Line Transect Mediterranean Monitoring Network (FLT Med Net), coordinada por el Instituto de Protección e Investigación Medioambiental (ISPRA) italiano, y de la que IRBio-UB forma parte desde hace casi diez años. Esta iniciativa acumula más de dos décadas de experiencia en la colaboración con compañías navieras.
Hacia una gestión más dinámica del riesgo
El tráfico marítimo es una de las presiones que pueden coincidir espacial y temporalmente en la presencia de cetáceos y tortugas. Los datos obtenidos por SYNFONY pueden contribuir a desarrollar nuevos modelos dinámicos de evaluación del riesgo, que integren en un mismo marco la presencia de las especies, la intensidad del tráfico marítimo y las condiciones ambientales.
«El objetivo es poder identificar con mayor precisión qué áreas y periodos presentan un potencial aumento del riesgo para la megafauna marina y avanzar hacia una mejor comprensión y gestión del espacio marino mediterráneo», indican los expertos.
«En este reto, hay que dar las gracias a todas las personas voluntarias que como observadoras a bordo han hecho posible estas campañas, así como a las compañías navieras y a todas las personas e instituciones que han contribuido al desarrollo del proyecto. Su participación y compromiso es una pieza fundamental para seguir ampliando el conocimiento sobre la biodiversidad marina mediterránea y avanzar en su conservación», concluyen Odei Garcia-Garin y Manel Gazo.