La mayor parte de la microbasura presente en el océano Atlántico Sur tiene su origen en la costa de África occidental y se concentra especialmente en zonas cercanas al ecuador y frente a las costas de Brasil. Así lo demuestra una investigación del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) que ha logrado identificar con detalle las principales fuentes geográficas de estas micropartículas, su distribución a gran escala y los procesos que determinan su acumulación en el océano.
El estudio se basa en un muestreo del agua del mar realizado a lo largo de un transecto de casi 8.000 kilómetros, desde Salvador (Brasil) hasta el estrecho de Gibraltar, cubriendo tanto el Atlántico Sur como el Norte. Además, los investigadores utilizaron un modelo de dispersión oceánica que permite rastrear el origen de las partículas a partir de la velocidad y dirección de las corrientes marinas.
Se estima que aproximadamente 11 millones de toneladas de residuos plásticos entran en los océanos cada año, lo que da lugar a la presencia de 5,25 billones de piezas de plástico flotando en el mar. Estos materiales se clasifican en megaplásticos (>1 m), macroplásticos (25 mm - 1 m), mesoplásticos (5-25 mm), microplásticos (<5 mm) y nanoplásticos (<1 µm). Los microplásticos llegan al medio ambiente directamente en forma de micropartículas (como microesferas de cosméticos, purpurina o fibras procedentes de textiles sintéticos como el poliéster y el nailon) o se generan a partir de la fragmentación de objetos de mayor tamaño (como botellas o juguetes). Junto con otras partículas de origen humano de menos de 5 mm (como caucho, fibras animales o celulósicas, vidrio, metal o alquitrán), constituyen lo que se conoce como microbasura.
El estudio muestra que las corrientes ecuatoriales transportan estas partículas desde la costa de África occidental hacia la costa de Brasil y hacia áreas remotas del océano Atlántico. El estudio también identifica aportes secundarios desde el norte de Brasil hacia regiones cercanas al noroeste de África, y desde la península ibérica hacia las islas Canarias, lo que evidencia la complejidad de las rutas de dispersión y la interconexión entre regiones. «El trabajo nos ha permitido constatar que estas partículas pueden acumularse incluso en zonas remotas, como el centro del océano Atlántico, y desplazarse grandes distancias lejos de sus fuentes de origen», indica Stéphanie Birnstiel, investigadora del ICTA-UAB y autora principal del estudio.
Las muestras revelan que la microbasura está ampliamente distribuida en todo el océano, desde regiones tropicales hasta templadas del Atlántico, con mayores concentraciones en zonas cercanas al ecuador, frente a Brasil y alrededor de los 10 grados de latitud norte a lo largo del transecto. «En los procesos de dispersión intervienen factores como el viento, el oleaje, las corrientes marinas y las interacciones biológicas, que determinan su transporte y acumulación en los océanos Atlántico Norte y Sur», añade Michaël Grelaud, científico del ICTA-UAB y coautor del estudio.
En cuanto a sus características, la investigación revela que coexisten partículas de distintos tipos, tamaños y composiciones químicas por debajo de la superficie marina. Las partículas más pequeñas (10-315 µm) son las más abundantes y están dominadas por fragmentos, mientras que las de mayor tamaño (≥315 µm) son menos numerosas y están formadas principalmente por fibras.
Uno de los hallazgos más relevantes es el predominio de fibras de origen celulósico (el 90 %) en la fracción de mayor tamaño. Estas fibras se introducen principalmente en el medio marino a través del lavado doméstico de textiles, como el algodón, que libera más microfibras que los materiales sintéticos. A pesar de su origen natural, estas fibras presentan un nivel bajo de biodegradabilidad debido a los tratamientos químicos, tintes y aditivos industriales utilizados en su fabricación.
«El estudio también muestra que el hemisferio norte concentra mayor cantidad de microbasura, especialmente de fibras celulósicas, lo que se relaciona con una mayor densidad de población, un mayor nivel de industrialización y los mecanismos de acumulación del Atlántico Norte», añade Patrizia Ziveri, profesora ICREA del ICTA-UAB y coautora del estudio.
En conjunto, estos resultados aportan nuevas evidencias sobre el origen, la distribución y el destino de la microbasura marina y subrayan la necesidad de abordar este problema desde una perspectiva global, dado que sus efectos trascienden fronteras y ecosistemas.