Mitigar las olas de calor y la contaminación en zonas urbanas no depende de aplicar una única solución verde, sino de combinar estratégicamente la creación de infraestructuras, como parques urbanos y sistemas de agricultura periurbana, con medidas constructivas como los tejados blancos, según una investigación realizada por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB).
Durante seis años, el proyecto «Integrated System Analysis of Urban Vegetation and Agriculture» (URBAG) ha analizado cómo la agricultura urbana y las zonas verdes pueden reducir el impacto ambiental y mejorar la sostenibilidad en zonas como el área metropolitana de Barcelona.
Los tejados blancos, también conocidos como cubiertas frías, aumentan el albedo, es decir, el porcentaje de radiación solar que se refleja y no es absorbida por el edificio. En entornos densos, donde el asfalto y el hormigón almacenan calor durante el día y lo liberan por la noche, esta medida reduce la acumulación térmica y ayuda a mitigar el efecto isla de calor.
Las simulaciones realizadas en el área metropolitana de Barcelona muestran que el incremento del albedo en cubiertas residenciales e industriales reduce especialmente las temperaturas diurnas en áreas centrales y compactas. Cuando esta medida se combina con el aumento de zonas verdes, el efecto se prolonga durante las 24 horas, sumando la reducción del calor nocturno generada por la evapotranspiración de la vegetación.
El balance final del proyecto URBAG, financiado por el Consejo Europeo de Investigación (ERC por sus siglas en inglés) demuestra que la combinación estratégica de estas soluciones puede generar una reducción media de la temperatura de 1,26 °C durante episodios extremos, con descensos aún mayores en las temperaturas nocturnas, además de disminuir contaminantes como el dióxido de nitrógeno (NO₂) en determinadas zonas.
«Los tejados blancos actúan directamente sobre el balance energético de la ciudad. Son una medida rápida, relativamente económica y especialmente eficaz en barrios densos», explica Gara Villalba, investigadora ICREA en el ICTA-UAB y coordinadora de URBAG. «Pero su máximo potencial se alcanza cuando se integran con otras soluciones verdes», indica.
Más verde, pero mejor planificado
El proyecto ha evaluado distintos escenarios de futuro comparando la urbanización actual con estrategias basadas en parques urbanos y en la recuperación de la agricultura periurbana.
Los resultados indican que continuar con las tendencias actuales de crecimiento urbano no solo incrementará la superficie construida, sino que agravará tanto el calor como la contaminación. En algunas zonas del norte del área metropolitana de Barcelona, la sustitución de bosques por zonas urbanas puede aumentar hasta en un 8 % las concentraciones de NO₂.
En cambio, la creación estratégica de parques urbanos puede reducir hasta en 1,2 °C las temperaturas nocturnas en episodios de calor extremo. La agricultura periurbana, por su parte, contribuye a disminuir globalmente un 7 % los niveles de ozono troposférico (O₃) y mejora el acceso a alimentos frescos, aunque requiere una gestión adecuada para evitar incrementos de escorrentía y acumulación de fósforo en aguas superficiales.
URBAG advierte, no obstante, que ampliar el verde sin planificación puede generar efectos secundarios. La vegetación puede ralentizar el viento y favorecer determinadas reacciones químicas que incrementan el ozono en contextos específicos. Por ello, el proyecto ha desarrollado herramientas que permiten analizar simultáneamente temperatura, calidad del aire, recursos y vulnerabilidad social antes de ejecutar las políticas.
Diseñar la ciudad con datos
En un escenario en el que las olas de calor podrían intensificarse hasta 6 °C a finales de siglo si las emisiones continúan altas, el equipo subraya la necesidad de tomar decisiones basadas en evidencias científicas. URBAG ha contribuido al desarrollo del nuevo Plan director urbanístico metropolitano (PDUM) con horizonte en el año 2050, aportando modelización atmosférica de alta resolución y análisis de ciclo de vida. Además, el proyecto culmina con la publicación de la guía práctica
Green Infrastructures – A Guide for City Planners and Policy Makers, que sintetiza más de veinte artículos científicos y ofrece recomendaciones concretas para Administraciones públicas.
El informe final demuestra que maximizar espacios verdes no siempre es efectivo. «Es preciso combinar parques, agricultura periurbana y otras soluciones de forma integrada para reducir temperaturas, mejorar la calidad del aire y minimizar vulnerabilidades sociales, para así evitar efectos no deseados como mayores emisiones o escorrentía», incide Gara Villalba.
Tras seis años de investigación, el mensaje es claro: frente al calentamiento urbano, las soluciones existen. Pintar de blanco las cubiertas puede ser el primer paso, pero la resiliencia climática requiere combinar ciencia, planificación y visión a largo plazo.