Durante el ciclo menstrual, cuando los niveles de la hormona progesterona son más altos, se generan patrones de actividad cerebral que hacen más difícil diferenciar entre situaciones emocionales fáciles y difíciles. Esto también comporta un estado de ánimo más bajo que afecta al bienestar emocional de las mujeres, según un estudio publicado en la revista
Psychological Medicine, de la Cambridge University Press, y dirigido por el profesor Macià Buades, de la Facultad de Psicología y el Instituto de Neurociencias de la Universidad de Barcelona (UBneuro).
El estudio presenta una perspectiva nueva y precisa sobre la modulación hormonal del afecto en mujeres jóvenes y sanas. Las conclusiones permitirán impulsar enfoques más personalizados para evaluar y tratar problemas de estado de ánimo relacionados con las hormonas como la disforia premenstrual (cambios severos en el ánimo antes de la menstruación).
Descifrar la relación entre hormonas y bienestar emocional
Algunas mujeres pueden ser más sensibles a la progesterona que otras, quizás porque sus cerebros tienen más receptores de progesterona. Sin embargo, todavía son poco conocidos los mecanismos neuronales que vinculan la carga hormonal y la regulación emocional.
El estudio explora cómo los niveles naturales de las hormonas ováricas estradiol y progesterona influyen en las partes del cerebro implicadas en el control de las emociones, y si esto podría ayudar a explicar las diferencias en el estado de ánimo.
En el estudio participaron 116 mujeres con ciclos menstruales naturales (no utilizaban anticonceptivos hormonales). El equipo aplicó técnicas de neuroimagen (resonancia magnética) para estudiar expresiones faciales emocionales, técnicas de decodificación multivoxel y análisis de hormonas presentes en la saliva.
Cuando los niveles de progesterona son mayores, los escáneres cerebrales revelan una peor distinción entre situaciones emocionales fáciles y difíciles. En concreto, los patrones en un área del cerebro llamada polo frontal lateral son más similares entre sí, lo que sugiere que el cerebro sería menos capaz de distinguir entre diferentes situaciones emocionales en la vida real. Sin embargo, cuando las participantes mostraban una distinción más clara entre situaciones emocionales fáciles y difíciles, tendían a expresar un mejor estado de ánimo la semana anterior.
«El estudio sugiere que, si el cerebro es capaz de distinguir diferentes situaciones emocionales con mayor claridad, esto puede contribuir a regular las emociones en la vida diaria», detalla el profesor Buades, del Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la UB.
«Aunque no podemos establecer la causa y el efecto a partir de una medida única, es emocionante descubrir una información sobre la progesterona que antes desconocíamos», indica el experto.
¿La hormona estradiol también afecta al estado de ánimo?
De forma sorprendente, el estudio no encontró ningún efecto equivalente para el estradiol, que suele relacionarse con un mejor estado de ánimo y se emplea a menudo para tratar los síntomas de la menopausia.
Rosamunde Hendricks, coautora del estudio y experta de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), destaca: «No vimos un efecto equivalente al de la progesterona para el estradiol, pero es posible que esto se deba a que el estradiol es más difícil de medir con precisión en la saliva. Por tanto, no podemos descartar que el estradiol esté afectando al cerebro. Más bien podría ser que las herramientas de medida utilizadas en este estudio no hubieran detectado sus efectos de forma fiable».
Tradicionalmente siempre se ha considerado que solo en las mujeres el equilibrio emocional está afectado por las hormonas, una idea totalmente errónea. Los estudios futuros deberán comprobar si este vínculo entre las hormonas y el control de las emociones existe también en los hombres. Comprender mejor todos estos mecanismos podría ayudar a entender las condiciones en las que las fluctuaciones hormonales se asocian con los cambios del estado de ánimo.
El estudio se financió con fondos del Premio al Joven Investigador 2022 otorgado a Macià Buades-Rotger por la Brain & Behavior Research Foundation.