En varios restos óseos de dinosaurios se pueden encontrar trazas o perforaciones causadas por organismos vivos después de la muerte del animal. Estas perforaciones, conocidas como estructuras de bioerosión, aportan información para conocer las relaciones entre los seres vivos en el pasado, reconstruir los paleoecosistemas y mejorar el conocimiento sobre el proceso de fosilización. Ahora, un estudio publicado en la revista en Earth-Science Reviews identifica este tipo de perforaciones en huesos y, por primera vez, también en piezas de la armadura dérmica (osteodermo) de titanosaurios del yacimiento de Lo Hueco (Cuenca, España), pertenecientes al Cretácico superior.
Los resultados indican que los cadáveres de titanosaurios de Lo Hueco no se enterraron rápidamente, como se había sugerido hasta ahora, sino que permanecieron expuestos tiempo suficiente para permitir la actividad perforadora de insectos especializados (principalmente necrófagos y saprófagos). La investigación reformula la reconstrucción paleoecológica del Cretácico superior en el yacimiento de Lo Hueco con una nueva lectura de su dinámica sedimentaria, ecológica y ambiental.
Además, la investigación revela que un detallado estudio icnológico —es decir, de las trazas o huellas fósiles— de las estructuras de bioerosión en yacimientos con abundantes restos óseos preservados podría ser muy útil para conocer con precisión el proceso de acumulación de los restos y condiciones paleoambientales en que se produjo.
Gracias a la excepcional preservación del yacimiento de Lo Hueco, la investigación, además de ampliar el registro fósil de la bioerosión producida por insectos en restos fósiles de dinosaurios, ha permitido consolidar la validez del icnogénero Cubiculum (en el que se incluyen las perforaciones identificadas). En concreto, este icnogénero consiste en unas perforaciones en forma de hemicápsula o bolsa que, en comparación con análogos actuales, se han atribuido a la actividad bioerosiva de escarabajos derméstidos.
Lidera el trabajo el profesor Zain Belaústegui, de la Facultad de Ciencias de la Tierra y el Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona. En el estudio también participan expertos en dinosaurios de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), desde donde se lidera el proyecto de investigación nacional que ha financiado este estudio, y entomólogos forenses de la Universidad de Alcalá (UAH).
Un yacimiento en el que abundan restos de titanosaurios
En el yacimiento de Lo Hueco, uno de los más importantes del Cretácico superior europeo, no solo hay restos óseos más o menos aislados, sino esqueletos relativamente completos de grandes saurópodos titanosaurios que existieron hace unos setenta millones de años.
«El estudio del registro fósil de la bioerosión producida por insectos en diferentes tipos de tejido óseo (huesos, cuernos u osteodermo) puede resultar muy útil para obtener información del proceso tafonómico que sufrieron estos restos óseos, ya sean restos aislados (huesos) o articulados (esqueletos más o menos completos)», detalla Zain Belaústegui, del Departamento de Dinámica de la Tierra y del Océano de la UB. «En todo caso, esto nos indica que estos restos habrían sido expuestos tiempo suficiente para que estos organismos necrófagos pudieran perforar estas estructuras en los restos óseos».
Una ventana paleoecológica única abierta al pasado
A partir del estudio icnológico, «se plantea si el cadáver de un gran vertebrado podría sostener toda una comunidad de organismos carroñeros, necrófagos y saprófagos durante un tiempo relativamente extenso», explica el experto, que añade: «Por tanto, si los restos óseos se fosilizan con trazas de bioerosión, podrían ser muy indicativos de un determinado tipo de condiciones paleoambientales».
Las perforaciones de insectos aportan información clave sobre el tiempo de exposición de los cadáveres antes de quedar enterrados. Experimentos con larvas del escarabajo actual Dermestes frischii, capaz de generar estructuras análogas de bioerosión en el icnogénero Cubiculum, muestran que estas estructuras pueden formarse en periodos de al menos 240 horas, e incluso mucho más en condiciones naturales. «Cuanta más información tafonómica se pueda obtener, más datos paleoecológicos y paleoambientales tendremos sobre los restos óseos estudiados», apunta el investigador.
El equipo ha perfilado una interpretación tafonómica mucho más precisa, puesto que la presencia de estas abundantes perforaciones de insectos apunta a un tiempo de exposición más prolongado de los cadáveres. «Esto indicaría una etapa bioestratinómica más larga para los dos niveles fosilíferos principales de Lo Hueco (G1 y G2), lo que descarta el entierro rápido de los cadáveres de los titanosaurios que se había inferido previamente», detalla Belaústegui.
El trabajo incluye también una revisión exhaustiva de más de 140 referencias sobre bioerosión de insectos en tejido óseo, desde el Triásico medio hasta el Holoceno. Sin embargo, solo una de estas referencias corresponde a la península ibérica, lo que subraya la relevancia del nuevo estudio y la necesidad de seguir explorando este registro.