Un estudio liderado por investigadores del Instituto Smithsoniano de los Estados Unidos y de la UB revela que reducir los desechos de plásticos de un solo uso es esencial para proteger los ecosistemas costeros. La basura flotante también ha invadido la bahía de Chesapeake, el estuario más grande de los Estados Unidos y uno de los más importantes de todo el planeta. Envases de alimentos y de bebidas de al menos 52 empresas diferentes —especialmente desechos de plásticos de un solo uso con una vida útil inferior a un año— abundan cada vez más en sus marismas, que ocupan más de 1.200 km2 de superficie, distribuidos a lo largo de los 18.800 km de línea de costa que tiene el estuario. Gran parte de las basuras flotantes halladas provienen de áreas urbanas y de acciones descuidadas ligadas a pautas de consumo corrientes. De hecho, también hay basuras que se han tirado directamente en parques y zonas recreativas, o desde embarcaciones.
Las basuras flotantes degradan la salud ambiental de los lugares donde se acumulan, y pueden afectar a la fauna local y a procesos de gran valor ecológico para los ecosistemas, como el intercambio de gases, la actividad biológica y el almacenamiento de carbono.
Estas son algunas de las conclusiones de un artículo publicado en la revista Marine Pollution Bulletin sobre el estuario de Chesapeake. El trabajo contiene uno de los escasos análisis detallados acerca de la contaminación por macrobasuras (es decir, desechos de más de 2,5 cm de tamaño) en marismas a escala regional en todo el mundo. El carácter prevalente de los desechos plásticos no es exclusivo de los ambientes de estuario. Los plásticos también son el tipo de residuos predominantes en manglares, playas, dunas y otros ecosistemas costeros en distintos países. Por tanto, la reducción de los desechos de plásticos de un solo uso es una medida clave para proteger los ecosistemas costeros.
El autor principal es Ostin Garcés-Ordóñez, investigador posdoctoral de los programas Vida en un Planeta Sostenible (LSP) y MarineGEO del Instituto Smithsoniano (Estados Unidos) y miembro del Grupo de Investigación Consolidado en Geociencias Marinas (Gmar) de la Facultad de Ciencias de la Tierra de la UB. Entre los coautores se encuentran el catedrático Miquel Canals, director de la Cátedra UB de Economía Azul Sostenible y miembro fundador de Gmar; Martin Thiel, André Rovai y Genevieve Noyce, investigadores del Centro Smithsoniano de Investigación Ambiental (SERC), y Rachel Collin, investigadora del Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales (STRI, Panamá).
¿Dónde se acumulan los plásticos flotantes?
El estudio se centra en los sectores de las marismas que son alcanzados por las mareas más altas, donde se depositan los arribazones, es decir, las acumulaciones de restos vegetales, como troncos, ramas, hojas o raíces, acarreados por el flujo de marea. Los arribazones proporcionan alimento, energía y refugio a diversas formas de vida marina, aunque hoy en día incorporan cantidades considerables de basura, sobre todo plásticos flotantes.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio ha sido descubrir zonas de acumulación preferente de desechos plásticos flotantes en las marismas de la bahía de Chesapeake.
«Gran parte de los residuos procedentes de las áreas urbanas no alcanzan el océano, sino que quedan retenidos dentro de la bahía por efecto de la circulación estuarina. La vegetación en estas marismas es muy densa y está dominada por plantas de porte notable, como los carrizos del género Phragmites, lo que facilita el enganche en los arribazones de las basuras transportadas por las mareas», detalla Ostin Garcés-Ordóñez, quien finalizó su tesis doctoral en la UB hace unos meses.
«Los residuos se concentran en las marismas, especialmente en lugares protegidos de las corrientes y del oleaje más intensos», apunta Garcés-Ordóñez. «Este hecho favorece que los plásticos permanezcan en los mismos sitios durante mucho tiempo, mientras se van fragmentando en trozos más pequeños, incluyendo microplásticos, que acaban por quedar enterrados en el suelo de la marisma. Por tanto, las zonas de acumulación preferente, en forma de franja paralela a la línea de costa, no se comportan únicamente como lugares de acumulación temporal de basuras, sino que son también reservorios a largo plazo de contaminación por basuras».
Alerta por el impacto de los plásticos de un solo uso
En la cuenca hidrográfica del estuario de Chesapeake, con una extensión de 166.000 km2 aproximadamente, habitan más de 18 millones de personas, tanto en áreas urbanizadas y densamente pobladas como en otras de carácter eminentemente rural. Esta circunstancia ha permitido examinar el impacto de diferentes tipos de actividades humanas, con distintas intensidades, sobre la cantidad y las clases de basuras que llegan a las marismas.
«Las zonas con mayor acumulación de basura en la bahía de Chesapeake son las más cercanas a los grandes núcleos urbanos regionales, las cuales, además, presentan una vegetación densa», explica Miquel Canals, catedrático del Departamento de Dinámica de la Tierra y del Océano de la UB. «Las mayores concentraciones de basura —sobre todo plásticos flotantes— se han hallado en el estuario interno, especialmente en lugares sujetos a la influencia de grandes áreas metropolitanas como la de Baltimore, donde viven 2,86 millones de personas».
«La distancia a los núcleos de población es el factor que mejor explica la cantidad de basura encontrada en los distintos puntos de muestreo: a mayor cercanía a las ciudades, mayor acumulación de basuras en la marisma», apunta Canals.
El estudio también identifica un patrón geográfico muy claro en la acumulación de residuos plásticos. «En el estuario interno, es decir, en la parte norte, la mayor cantidad de basura es de origen fluvial, transportada por los ríos que desembocan en ese punto. Por el contrario, en el estuario externo, al sur y conectado directamente con el océano Atlántico, la proporción de basuras asociadas a actividades marítimas es comparativamente mayor», comenta Martin Thiel, director ejecutivo del programa MarineGEO del SERC y también profesor de la Universidad Católica del Norte, en Chile.
«Sin embargo, por lo general, más del 50 % de la basura observada en los arribazones de las marismas del estuario de Chesapeake proviene de actividades humanas en tierra», añade Thiel. «La principal fuente identificada han sido las malas prácticas de gestión de residuos, incluyendo el desecho de plásticos de un solo uso que se relacionan con actos de consumo fuera del hogar».
Chesapeake, un laboratorio natural
El estuario de Chesapeake es un laboratorio natural excepcional a gran escala para averiguar el origen de la basura y comprender por qué determinados tipos de residuos se acumulan más en unos lugares que en otros. En la actualidad se están llevando a cabo estudios complementarios para entender mejor la coacumulación de basura y restos orgánicos, mayoritariamente de origen vegetal, así como sus posibles impactos en los servicios ecosistémicos de las marismas.
En la parte septentrional interna del estuario, cercana a núcleos urbanos y con altas proporciones de basura en los arribazones, será preciso priorizar acciones de gestión ambiental, monitoreo y captura temprana de residuos flotantes antes de que se acumulen en las marismas. Además, habrá que impulsar futuras investigaciones para comprender mejor hasta qué punto y de qué modo la acumulación y la fragmentación de objetos de plástico en los arribazones afectan a la salud y a los servicios ambientales que proporcionan las marismas.
Los resultados arrojan pistas claras sobre posibles acciones para hacer frente a la problemática observada. «Todos los sectores de la sociedad pueden contribuir a reducir la contaminación por desechos plásticos: los consumidores deben depositar los residuos en lugares preparados en el marco de las cadenas de recogida y tratamiento de basuras, las empresas deben desarrollar envases más sostenibles y reutilizables, y los legisladores deben apoyar estos procesos mediante regulaciones y mecanismos de supervisión más efectivos», indica el equipo.
«Las instituciones educativas, las organizaciones ambientales y la sociedad en su conjunto deben persistir en la promoción de una mayor conciencia ambiental y de unos hábitos de consumo más responsables. El Tratado Mundial sobre la Contaminación por Plásticos de las Naciones Unidas, en fase de negociación, representa una gran oportunidad potencial para avanzar hacia soluciones reales frente a un problema global en gran medida evitable», concluyen los investigadores.