Un equipo internacional liderado por científicos de la Universidad de Alicante (UA) revela que aumentar la proporción de la agricultura ecológica puede aumentar la productividad y contribuir a mantener suelos sanos y biodiversos. El estudio, publicado en la revista Nature Sustainability, concluye que los paisajes con al menos el 50 % de agricultura ecológica maximizan la producción agrícola, la biodiversidad del suelo y funciones ecosistémicas claves como el almacenamiento de carbono, el ciclo de nutrientes y la regulación del agua.
La investigación, desarrollada en el marco del proyecto europeo SOILGUARD (Horizonte 2020), analiza 179 campos de cultivo, principalmente de cereales, en ocho países de Europa, África, Asia y Sudamérica, y abarca una amplia diversidad de condiciones climáticas y niveles de degradación del suelo.
Aunque los autores del artículo han observado que la gestión ecológica puede reducir los rendimientos en promedio, los resultados muestran que no existen compromisos inevitables entre mantener altos niveles de productividad, biodiversidad y funcionamiento del suelo a escala de finca.
“Hay explotaciones, tanto en convencional como en ecológico, que simplemente funcionan de forma excelente en los tres aspectos”, explica Santiago Soliveres Codina, investigador del Departamento de Ecología y del Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio ‘Ramón Margalef’ (IMEM) de la UA y coautor del artículo. “El siguiente paso es entender qué hacen estos agricultores para mantener buenos rendimientos mientras conservan suelos saludables. Quizás optar por otras prácticas regenerativas como reducir la frecuencia del arado, el uso de enmiendas orgánicas o una cobertura vegetal más permanente, o tal vez implementar el uso de cultivos y variedades bien adaptados a las condiciones locales”, destaca.
“Los resultados obtenidos demuestran que superficies diversas y funcionales no son incompatibles con una alta productividad agrícola”, añade Laura García-Velázquez, autora principal del trabajo y también investigadora del IMEM de la Universidad de Alicante. “Adoptar prácticas ecológicas en al menos la mitad del paisaje agrícola podría ser clave para garantizar la sostenibilidad a largo plazo de nuestros sistemas alimentarios”, advierte.
Reto económico y ambiental
Por otro lado, el estudio señala que la transición hacia la agricultura ecológica debe priorizarse en suelos moderada o altamente degradados, donde los beneficios ambientales son mayores y las pérdidas de rendimiento menores.
“Estos territorios suelen producir menos alimentos y, tanto los agricultores como la sociedad, podrían enfrentar menos retos económicos y obtener más beneficios ambientales al enfocar la conversión hacia prácticas ecológicas en esas zonas”, insisten los investigadores. A este respecto, esta estrategia permitiría maximizar la salud del suelo y la seguridad alimentaria, reduciendo a la vez los posibles conflictos socioeconómicos asociados al cambio de modelo agrícola.
Realizado por 22 instituciones de 9 países, el trabajo publicado en Nature Sustainability aporta evidencia científica que refuerza y amplía los objetivos de la Estrategia “De la Granja a la Mesa” de la Comisión Europea, que busca alcanzar un 25 % de agricultura ecológica en 2030. Según los autores, “este objetivo puede quedarse corto y debe ser más ambicioso para garantizar la sostenibilidad del sistema agroalimentario y cumplir las metas globales de biodiversidad”.
Además, recuerdan desde la UA, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) persiguen reducir la contaminación del agua y del suelo, así como el uso de pesticidas, en un 50 % en los próximos años, “por lo que hay que apostar por las prácticas ecológicas”.