Las personas afectadas por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), que causa el sida, no desarrollaron formas más graves de mpox —en comparación con las personas VIH negativas— durante el brote multirregional de esta patología que se registró en España en el 2022. Esta es una de las conclusiones principales de un artículo publicado en la revista
Scientific Reports, que ha analizado 1.158 casos confirmados de mpox en varones adultos. Los casos se habían notificado entre junio de 2022 y enero de 2023 en siete comunidades autónomas. La muestra poblacional analizada en el estudio representa más de la mitad de los casos registrados en España durante este periodo.
«España fue el país europeo con mayor incidencia acumulada de mpox durante el brote, lo que confiere especial relevancia a los resultados obtenidos», apuntan las investigadoras de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Barcelona Aina March-Yagüe, primera autora del trabajo, Diana Toledo, profesora asociada de Medicina Preventiva y Salud Pública, y Àngela Domínguez, profesora emérita y miembro del Área de Epidemiología y Salud Pública del CIBER (CIBERESP).
El estudio indica que el 35 % de los casos correspondían a personas con VIH y que, entre las personas VIH negativas, cerca del 43 % eran usuarias de profilaxis preexposición (PrEP) ante el VIH.
«En todos los grupos estudiados predominó la transmisión asociada a redes sexuales, especialmente entre hombres que tenían sexo con otros hombres, lo que confirma el patrón observado a nivel internacional durante el brote de 2022», apunta el equipo de investigación.
Desde el punto de vista clínico, las personas con VIH presentaron con mayor frecuencia fiebre y lesiones cutáneas en localizaciones no anogenitales ni orales, así como una mayor presencia de otros tipos de inmunosupresión. Sin embargo, la evolución de la enfermedad fue favorable en todos los grupos analizados, sin ingresos en unidades de cuidados intensivos ni defunciones, y con tasas de hospitalización bajas y similares entre personas con y sin VIH.
El análisis comparativo reveló importantes diferencias entre las personas con VIH y aquellas sin VIH usuarias de la PrEP. Entre las personas que usaban la PrEP, los síntomas más frecuentes eran fatiga (astenia), inflamación de los ganglios linfáticos en diversas partes del cuerpo (adenopatías generalizadas) y presencia de otras infecciones de transmisión sexual. Además, este grupo mostraba una mayor exposición a situaciones de riesgo, como asistir a eventos multitudinarios, mantener relaciones sexuales en entornos de ocio y participar en prácticas como el sexo químico (chemsex), que combina drogas y actividad sexual.
Por su parte, las personas con VIH presentaban con mayor frecuencia alteraciones de la piel fuera de las zonas genitales y de la boca, así como una mayor probabilidad de requerir hospitalización, pero esto no afectó a la gravedad final de su cuadro clínico.
Los autores del trabajo ponen de manifiesto la necesidad de adaptar las estrategias de prevención y control del mpox a los distintos perfiles de riesgo, integrando la prevención de esta infección en los programas de salud sexual, VIH y PrEP. Asimismo, destacan la importancia de reforzar las intervenciones basadas en la evidencia, no estigmatizadoras y centradas en los determinantes sociales y conductuales de la transmisión.
El nuevo estudio se enmarca en el proyecto MONKPOX-ESP22, una iniciativa para evaluar de forma integral el impacto clínico y microbiológico del brote de mpox. Lo lideran M. Paz Sánchez-Seco y Jesús Oteo, del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER). El trabajo ha sido desarrollado por personal investigador de las áreas de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) y Enfermedades Infecciosas (CIBERINFEC), en colaboración con servicios de vigilancia epidemiológica y centros sanitarios de diversas comunidades autónomas.