Investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y la Universidad de Yale (EE. UU.) han publicado un artículo de revisión exhaustivo en la revista Cell que propone un nuevo marco para comprender a los neutrófilos, las células más abundantes del sistema inmunitario. A partir de una amplia base de evidencias procedentes de investigaciones recientes, los autores describen a los neutrófilos como un colectivo dinámico y adaptable, capaz de una notable diversificación funcional y de presentar formas de memoria inmunológica, más allá de los roles que tradicionalmente se les atribuían.
Al integrar hallazgos en cáncer, inflamación e inmunología de sistemas, la revisión redefine la manera en que se entienden los neutrófilos en la salud y la enfermedad, y pone de relieve nuevas rutas conceptuales para el desarrollo de estrategias terapéuticas innovadoras dirigidas a la disfunción inmunitaria.
“Los neutrófilos son las células más abundantes del sistema inmunitario y las primeras que responden en el organismo cuando aparece una infección o un daño. Pero estas células no sólo ayudan a luchar contra los patógenos, sino que también reparan los tejidos y ayudan en la formación de vasos sanguíneos”, explica Iván Ballesteros, profesor del Departamento de Neurociencia y Ciencias Biomédicas de la UC3M e investigador del CNIC, que ha publicado este trabajo junto a Andrés Hidalgo, del Departamento de Inmunobiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale y también investigador del CNIC. “Por lo tanto —continúa— si queremos entender cómo funcionan los neutrófilos, tenemos que estudiarlos en su conjunto, como si fuera un hormiguero: no podemos estudiar qué hace una hormiga obrera o una hormiga soldado por separado; tenemos que comprender cómo se coordinan las células y qué papel desempeña cada una de ellas”.
Tradicionalmente, los neutrófilos se han descrito como células especializadas en la eliminación rápida de patógenos y con una vida muy limitada. Sin embargo, los autores proponen que estas células poseen una notable capacidad de adaptación a distintos tejidos y contextos, participan en procesos como la inflamación estéril, la reparación tisular o el cáncer, y presentan comportamientos colectivos coordinados, similares a los observados en otros sistemas biológicos.
Los investigadores destacan que este nuevo marco conceptual puede ayudar a reinterpretar el papel de los neutrófilos en numerosas enfermedades, desde el cáncer hasta las patologías inflamatorias o autoinmunes. En este sentido, podría abrir nuevas vías terapéuticas dirigidas a modular su producción y su programación funcional. “El estudio pone de relieve que los neutrófilos no son meros ejecutores de respuestas inmunes inmediatas, sino un sistema altamente organizado, plástico y con memoria, cuyo potencial terapéutico todavía está lejos de haberse explotado”, añade Andrés Hidalgo.
Este trabajo propone que el colectivo de neutrófilos está organizado en dos compartimentos funcionales interconectados: uno “granulopoyético”, localizado principalmente en la médula ósea y encargado de la producción de neutrófilos; y otro “maduro”, formado por las células ya diferenciadas que circulan por la sangre y los tejidos. Esta organización permitiría al sistema responder con rapidez a agresiones locales, al tiempo que mantiene una memoria de exposiciones previas.
Según el modelo propuesto por los investigadores, esta estructura explica cómo los neutrófilos pueden mostrar una gran diversidad funcional, adaptarse a señales locales de distintos órganos y participar en procesos tan variados como la angiogénesis, la regulación de la respuesta inmunitaria o el mantenimiento de la homeostasis tisular. Además, los autores subrayan que muchas de estas propiedades emergen sólo cuando se considera al conjunto de neutrófilos como una unidad biológica, y no como células individuales.
Video:
https://www.youtube.com/watch?v=8x7AyT1IDOw